Mujer, grande es tu fe
La escena del Evangelio de hoy siempre me llega al corazón: una mujer se acerca a Jesús, insiste, no se rinde ante su silencio inicial, y termina escuchando de sus labios un elogio que todos quisiéramos recibir: “grande es tu fe”. La mujer, no sabemos su nombre, no pide permiso para acercarse con lo que es y lo que tiene. Simplemente se entrega, tal cual es, y ese gesto abre la puerta al milagro.
Creo que ahí está la clave de tantas cosas que buscamos y no encontramos: los milagros empiezan cuando le entregamos a Dios quién somos, lo que hacemos y lo que tenemos. No una versión mejorada de nosotros mismos, no cuando por fin tengamos todo resuelto, sino ahora, con nuestras heridas, nuestras dudas, nuestro tiempo limitado y nuestros recursos pequeños. Dios no espera la perfección para actuar. Espera nuestra entrega. El profeta Isaías nos ayuda a entender qué significa esa entrega en la vida concreta. Dios le pide a su pueblo algo muy simple y a la vez muy exigente: obrar con rectitud y practicar la justicia, porque su salvación ya está por llegar (Is 56, 1-7). No es una fe de palabras solamente, sino una fe que se traduce en cómo tratamos a los demás, en las decisiones cotidianas, en la manera en que ocupamos el tiempo y el dinero. La ley de Dios no es una lista de prohibiciones: es un camino para que nuestra vida entera se convierta en alabanza.
Isaías anuncia que todos los que se unen al Señor, lo aman y guardan su alianza, serán llevados a su monte santo y encontrarán alegría en su casa de oración, porque esa casa será casa de oración para todos los pueblos, sin excepción. Es una promesa que nos sorprende. Dios no cierra la puerta a nadie que se acerque con el corazón sincero. Como la mujer del Evangelio, que ni siquiera pertenecía al pueblo elegido y aun así alcanzó lo que pedía, todos estamos invitados a entrar en esa casa de oración. Esto me lleva a las siguientes reflexiones que les comparto.
No basta con venir a misa o rezar unas oraciones si después, en la semana, no hay coherencia entre lo que digo creer y lo que hago. Vivir la voluntad de Dios es, sobre todo, amar de verdad: ser honestos en el trabajo, pacientes en la familia, generosos con quien tiene menos, darle limosna y tal vez nuestro tiempo al pobre que nos espera al salir de Misa. Alabar con la vida significa que cualquiera que nos observe pueda intuir que hay Alguien detrás de nuestras decisiones.
No siempre es fácil distinguir que lo que nos pasa hoy, es la voluntad de Dios. A veces la vida nos pone pruebas, pérdidas, esperas largas, y no sabemos si eso viene de Dios o simplemente es parte de vivir en un mundo herido y con tentaciones. Lo que sí podemos hacer es responder como la mujer del Evangelio: con insistencia, con humildad, sin dejar de creer aunque el silencio se prolongue. Y también como Abraham, que aprendió a confiar incluso cuando no entendía el camino. Reconocer la voluntad de Dios muchas veces no es adivinar un plan secreto, sino aceptar con paz lo que no podemos cambiar, y poner toda nuestra libertad al servicio de lo que sí podemos: amar y servir mejor hoy, aquí, con lo que tenemos en las manos.
Al final, la fe grande no es la que nunca duda, sino la que insiste, entrega y confía. Como el pueblo que Isaías invita a la casa de oración para todos, también nosotros podemos acercarnos hoy a Dios con lo que somos, lo que hacemos y lo que tenemos, y dejar que el milagro comience. Qué la Virgen del Sí nos lo conceda!
Paula Gómez Victorica was born in Buenos Aires, Argentina, and lived in Massachusetts from 2001 until December 2024. She is a Certified Spiritual Director and is trained in accompanying individuals through the Spiritual Exercises of St. Ignatius. She is currently completing a Graduate Certificate in Ignatian Spirituality at the Clough School of Theology and Ministry at Boston College, where she also taught Biblical Spirituality through asynchronous online courses.
For the past three years, she served as the Director of Faith Formation and Coordinator of the Hispanic Community at St. Ignatius Jesuit Parish. Since moving to San Antonio in 2025, Paula has continued her ministry as the Ministry and Liturgy Coordinator at a local parish and at the Oblate School of Theology (OST).
