Encontrar a Dios en medio del tumulto
En el panorama mediático de hoy, el ruido puede resultar insoportable. Los presentadores de noticias gritan frente a sus cámaras sobre guerras, terremotos, incendios y tormentas. Los anuncios publicitarios tienen un volumen promedio más alto que los programas que interrumpen. Durante las transmisiones deportivas, la música suena tan fuerte que resulta difícil escuchar a los comentaristas profesionales. Los panelistas de los programas de noticias gritan unos sobre otros para hacer oír sus voces y sus puntos de vista. Los políticos les gritan a los reporteros que les hacen preguntas que no les gustan.
El ruido no es solamente audible. También nos llega a través de la palabra escrita. Algunos de nosotros estamos suscritos a publicaciones en línea. Algunas de esas publicaciones nos envían diariamente correos electrónicos con titulares de las noticias que están cubriendo. Algunas nos envían correos más de una vez al día. Hacemos clic en los titulares y encontramos las noticias, algunas cortas y otras largas, sobre todo tipo de temas. El flujo de información es constante, y la cantidad de datos que se nos presenta puede resultar abrumadora.
Muchos de nosotros también navegamos por las redes sociales. Los usuarios de plataformas como Instagram y TikTok pueden sumergirse en un flujo vertiginoso de publicaciones y videos presentados mediante algoritmos adictivos. Esos algoritmos están diseñados para mantenernos pegados a nuestros teléfonos y computadoras, inundados por una avalancha de fragmentos y memes que reclaman nuestra atención.
Sin duda, parte del material que nos bombardea tiene valor, pero gran parte está diseñado para captar nuestra atención provocándonos alarma o despertando miedo e ira. Incluso las comunicaciones valiosas pueden convertirse en un exceso de algo bueno, sobrecargando nuestra limitada capacidad para recibir y comprender información y distrayéndonos de nuestro entorno inmediato, de nuestros seres queridos y de nosotros mismos. En medio de todo este ruido, ¿dónde está Dios?
Recientemente, el Leccionario nos presentó una lectura del Primer Libro de los Reyes. En ella, Dios le dijo al profeta Elías que saliera de la cueva donde había encontrado refugio y se pusiera de pie en la montaña para contemplar el paso del Señor. Cuando Elías lo hizo, vio un viento fuerte y poderoso, un terremoto y un fuego. La lectura nos dice que Dios no estaba en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego. Más bien, después del fuego, hubo «un murmullo de una brisa suave», o, como lo describe la versión King James, una voz suave y apacible. Fue entonces cuando Elías escuchó la voz de Dios.
En este mundo ruidoso y lleno de estrés, Dios nos habla en el silencio. Especialmente en estos tiempos en los que los televisores, los servicios de streaming, las plataformas de internet, las aplicaciones de nuestros teléfonos y los correos electrónicos nos bombardean con palabras e imágenes de todo tipo, muchas veces perturbadoras, a veces necesitamos escapar de los ruidos que podrían ahogar esa voz única y verdadera. En lugar de subir el volumen o intentar mantenernos al día con el torrente de información que se nos presenta, a veces sería mejor entrar en un espacio tranquilo donde podamos escuchar ese susurro, esa voz suave y apacible de Dios que nos habla debajo del estruendo. En lugar de contribuir al clamor elevando nuestras propias voces, con mayor frecuencia nos haría bien bajar el tono y dirigirnos al mundo y a las personas que nos rodean de una manera serena y pacífica, con la reverencia silenciosa de un Señor que nos habla en un susurro.
Don Frederico is a writer and retired lawyer living in Mashpee, Massachusetts, where he serves as a Lector at Christ the King Parish. Before he retired, Don served on the boards of several nonprofits, including as President of the Boston Bar Association and Board Chair of the College of Wooster. Don also has taught courses at Cornell Law School and Boston College Law School. He authors the Substack “Reflections of a Boston Lawyer,” and hosts a podcast called “Higher Callings.” Don is currently writing a memoir focused on his life, his work, and his faith journey.
