Jesús también camina en la prisión
Desde hace ya más de diez años, el Señor me ha concedido la gracia, junto con otras servidoras, de poder realizar los retiros de Emaús en diversos centros penitenciarios para mujeres. Han sido alrededor de 35 retiros, y puedo decir que cada uno de ellos ha sido una experiencia que ha enriquecido profundamente mi vida espiritual y me ha permitido descubrir a Dios de una manera muy especial.
En primer lugar, porque he podido palpar la misericordia de Dios, esa misericordia que es capaz de perdonar cualquier pecado y de restaurar la dignidad de hijo de Dios en todo aquel que lo busca con un sincero arrepentimiento, sin importar lo que haya hecho en el pasado. Allí en el centro penitenciario he podido comprobar que, para Dios, ninguna historia está perdida y ningún corazón está demasiado lejos para ser alcanzado por su amor.
El segundo motivo es que estos retiros han sido para mí una verdadera escuela de humildad. Me han enseñado a no juzgar al otro, porque detrás de muchas de las mujeres que están ahí dentro hay historias de infancias muy duras, llenas de carencias económicas, ausencia de los padres y todo tipo de abusos. Muchas mujeres se encuentran allí siendo inocentes. Todo esto me ha hecho comprender cuán vulnerables somos y que, muchas veces, es solamente por la gracia de Dios que uno no ha terminado en ese lugar.
En tercer lugar, gracias a estos retiros he podido constatar el poder de Dios. Nosotros no somos quienes realizamos esos milagros de conversión. Aun contando con pocas herramientas, con muchas restricciones, lo reducido del lugar y la simpleza de la decoración, el Señor actúa. Él toca los corazones, incluso aquellos que parecen más duros y más lastimados. Y allí, en medio de tantas limitaciones, he podido ver cómo Dios no tiene límites para llegar al corazón de una persona.
Por último, esta experiencia me ha permitido valorar mucho más ese don tan grande que Dios ha regalado al ser humano, tan inherente a nuestra dignidad, que cuando se ve privado de él es como si se nos quitara una parte de nosotros mismos: la libertad. Es un don tan grande que incluso Dios mismo se arriesga a perdernos, a ser rechazado por el ser humano, con tal de respetar ese libre albedrío que Él mismo ha infundido en nosotros. Dios nos ama tanto que nos deja libres para elegirlo, incluso cuando nuestra elección puede alejarnos de Él.
Doy gracias a Dios por permitirme ser ese pobre instrumento suyo en esos lugares de sombras, y por concederme la oportunidad de llevar un pequeño rayo de luz y esperanza a aquellas personas privadas de su libertad.
…Porque allí también está Jesús.
Al igual que con los discípulos de Emaús, Jesús camina a su lado. Camina con ellas en su dolor, en sus heridas, en sus errores, en sus preguntas y en sus esperanzas. Y nuestra misión es simplemente ayudarles a abrir los ojos del corazón para que puedan reconocerlo.
…Porque Jesús también camina en la prisión.
Mother María Elena Martínez is a nun, born in Mexico City, where she still resides today. She has had a consecrated life for more than 30 years. She is currently a member of a community called María Madre del Amor which is dedicated to evangelization through Emmaus retreats in parishes and prisons and Sicar retreats for young people.
