EL REGALO DEL AMOR
“El amor es el regalo esencial. Todo lo demás, que se nos da sin merecerlo, se convierte en regalo en virtud del amor”. (Joseph Pieper, German philosopher)
La palabra amor se ha desprestigiado tanto, que casi ya no nos atrevemos a pronunciarla. Preferimos utilizar expresiones como humanidad, solidaridad, aprecio.
En ruso existe una palabra para amor que es lubovatsja, que significa querer con la mirada; y es que sólo se puede amar lo que es bello, lo que se contempla. Y es que amar significa dar por bueno a alguien; es ponerse de cara a él, mirarlo, y decirle: “es bueno que estés en el mundo; es bueno que existas”. Así como Dios al crear al hombre vio que era bueno, y se complació de su existencia, el amor humano debe ser una reproducción y continuación de ese amor creador.
Sin embargo, no basta con decir “es bueno que existas”, sino que hay que hacerse la pregunta: “¿por qué quiero que existas?” ¿Es por ti mismo? ¿O porque me conviene a mis intereses? El amor tiene que estar en orden para que sea verdaderamente amor.
El amor auténtico nunca es debido ni merecido, ni exigido: es puro regalo, como el amor de Dios. Es sólo privilegio divino ser más amante que amado. Nunca podremos igualarnos al amor de Dios.
Por otro lado, el que se dé una confirmación de la existencia del amado, no significa que se acepte sin reservas todo lo que esa persona piensa o hace. No es dejar pasar lo que es malo, y no darle importancia. Amar no significa que el otro viva sin aflicciones, sino que esté en el bien y viva en la verdad. El amor, por lo tanto, a veces hiere. La incapacidad de sufrir viene de la imposibilidad de amar.
La forma primaria de amor es el deseo de ser feliz; es el principio y fin de nuestro amor. Incluso los mártires, al dar la vida por Cristo, buscaban la felicidad, aunque no en este mundo. Lo contrario al amor no es el odio, sino la indiferencia desesperada de aquel a quien nada le importa. El infierno es el dolor de no poder amar.
Amar es salirse del amor a sí mismo para amar al otro. Lo que no es amado por sí mismo, no puede decirse que sea amado. El que quiere sólo gozar, acaba perdido en el camino de la desesperación.
En resumen, sólo amando al Primer Amante, manteniendo la mirada fija en Él, contemplándolo, es como se podrá amar a uno mismo y a las criaturas; continuando así la obra de la creación en que “todo es querido por Dios”.
Mother María Elena Martínez is a nun, born in Mexico City, where she still resides today. She has had a consecrated life for more than 30 years. She is currently a member of a community called María Madre del Amor which is dedicated to evangelization through Emmaus retreats in parishes and prisons and Sicar retreats for young people.
