El Amor sin Calculadora
A veces pensamos que la batalla por la fe se da en la calle, en el trabajo, en las redes sociales. Pero hay un frente que pocos nombran, y es el más exigente de todos: el de las sábanas, los silencios, y la intimidad del matrimonio.
Vivimos en una cultura que le tiene pánico al compromiso total. El mundo lo dice sin vergüenza: “aseguren su comodidad”, “disfruten primero”, “viajen, y por favor, ¡cierren esa fábrica de hijos rápido!”. Nos venden un matrimonio de contrato, con cláusulas de escape y entrega medida con calculadora. En ese contexto, San Josemaría Escrivá nos da una sacudida necesaria: “No fuiste hecho para la comodidad, sino para la grandeza”. Y esa grandeza, la de los esposos, no cabe en medias tintas.
Hablar de moral matrimonial incomoda. Lo sabemos. Pero es urgente, y preferiríamos decírselos nosotros, en vez de callarlo por miedo a la reacción. San Juan Pablo II, con su Teología del Cuerpo, nos reveló algo hermoso y exigente a la vez: el cuerpo tiene un lenguaje propio. El acto conyugal no es un desahogo ni un instinto que hay que administrar. Es el momento en que los esposos nos decimos con todo el cuerpo: “Me entrego a ti completamente, y te recibo sin reservas”.
Y aquí nos toca ser honestos delante de Dios: ¿qué pasa cuando a esa entrega le ponemos condiciones? Cuando la cultura nos convence de usar métodos artificiales para evitar la vida, no solo estamos tomando una decisión práctica; estamos falsificando el lenguaje del amor. Le estamos diciendo al otro: “Te doy todo… menos esto”. El Catecismo de la Iglesia Católica lo enseña con claridad meridiana: los significados unitivo y procreativo del acto conyugal son inseparables (CIC 2366). Separarlos voluntariamente es usarnos mutuamente, y eso rompe la caridad que debe reinar en el hogar.
Pero cuidado, porque aquí viene la otra orilla del río. Que la Iglesia enseñe la apertura a la vida no significa que los católicos debamos ser imprudentes. La Iglesia es madre, y como tal, comprende que existen motivos serios de salud, económicos y familiares para espaciar los hijos. Para eso existen los métodos de planificación natural familiar: métodos que respetan la naturaleza del acto, que no bloquean lo que Dios diseñó, sino que se armonizan con sus ritmos. La diferencia no es pequeña. Es la diferencia entre hablar con verdad y mentir.
Pero también hay que examinar el corazón en este punto. Porque una cosa es discernir con Dios cuándo y cómo acoger la vida, y otra muy distinta es haber decidido de antemano que no. Eso no es virtud católica, es egoísmo con un mejor mercadeo. Y en el fondo, lo que esa mentalidad nos roba es lo más grande: la alegría de descubrir que cada hijo que llega no es una carga sino una expansión del corazón, una flecha que Dios pone en nuestras manos para lanzar al mundo. El Salmo 127 lo canta con fuerza: “Los hijos son herencia del Señor… como flechas en mano de un guerrero”. Las flechas no se guardan. Se lanzan. Y Dios, que nos manda a la batalla, no envía a sus guerreros desarmados.
Nosotros lo decimos desde el cansancio real de tres hijos en casa: las fuerzas a veces no alcanzan. Hay noches en que la generosidad cuesta más de lo que quisiéramos admitir. Pero mirar esa cuna llena nos recuerda que la santidad no es una vida cómoda sino una vida vaciada de egoísmo. No somos santos, nos caemos a menudo, pero la meta está trazada: un hogar donde Dios manda, donde el amor no se negocia, y donde la Providencia tiene más peso que nuestros planes.
Esta noche, cuando la casa quede en silencio y la rutina baje el volumen, los invitamos a mirarse a los ojos. No para tener una gran conversación teológica, sino para hacerse una sola pregunta: ¿Estamos amándonos sin reservas, o con calculadora?: La respuesta a esa pregunta es el principio, o la renovación de un amor que no se negocia.
Santa María, Madre de la familia, ruega por nosotros.

Juan and Sofia were born into Catholic families in Colombia, South America. They met on Juan’s Patron Saint Feast Day, Saint John Bosco, January 31st and recently got married on the 31st of July. Both have encountered Jesus in their lives and decided to follow him with great commitment.
Juan is a Political Scientist and also a great golfer. He works in the Wine and Spirits Industry.
Sofia is a commercial real estate lawyer and works at her family-owned business. They currently live in Cali, Colombia.
Juan and Sofia are increasingly passionate about the apostolic mission with the youth and young professionals. They are committed to showing the love of God and his mysteries through the beauty of the sacrament of marriage and friendship. Both have lived their conversion through different spiritualities within the Church, such as the charismatic renewal, parish groups (Emaus and Effeta), Mana (a self-founded apostolic group) and Opus Dei. This last one is currently where both congregate and receive all their spiritual formation and guidance. Although they have much to learn, they are eager to share their testimony with all the readers.
