Amor Imperfecto, Camino Sagrado
Amar es difícil. Puede sonar contundente comenzar así, pero es verdad. Como seres humanos, a menudo nos resulta más fácil amar cuando sabemos que ese amor será correspondido, cuando se siente seguro y mutuo. Sin embargo, nuestra comprensión de esta palabra de cuatro letras suele ser incompleta, incluso cuando caminamos hacia el altar. Amar como ama Jesucristo es mucho más exigente; nos llama a entregarnos por completo, de manera sacrificial y con profunda intención.
Este último mes, mientras organizaba un retiro de renovación para parejas durante la Cuaresma, con dieciséis matrimonios, fui testigo de algo poderoso: es posible que dos personas imperfectas se amen verdaderamente. No de manera perfecta, sino fielmente, eligiéndose una y otra vez a través de los fracasos, los desafíos y el crecimiento. El Sacramento del Matrimonio invita a las parejas a este amor más profundo, uno que refleja el amor firme, generoso y transformador de Cristo.
La ilusión de las “mariposas” no dura mucho para la mayoría de nosotros. La emoción de un amor romántico, como de película, suele ser pasajera. Al reunirnos con otras parejas, comenzamos a darnos cuenta que, aunque cada matrimonio es un mundo único, muchas de nuestras luchas son sorprendentemente similares. Podemos pensar que estamos solos en nuestras dificultades, pero no es así. Es natural que dos personas diferentes experimenten desacuerdos, momentos de resentimiento e incluso dudas. Sin embargo, el matrimonio es un camino sagrado, una alianza sellada por Dios. Como enseña San Pablo en su carta a los Efesios, el matrimonio cristiano refleja el amor entre Cristo y la Iglesia: un amor fiel, fecundo y eterno.
Llegamos a comprender que el amor no es simplemente un sentimiento, sino una elección, una virtud. Es la decisión diaria de buscar el bien del cónyuge, incluso cuando implica un sacrificio. En su carta a Tito, San Pablo anima a las mujeres mayores a guiar a las más jóvenes en el amor hacia sus esposos e hijos. Este amor no es sentimental; es activo e intencional. Esto puede ser especialmente difícil cuando hay frialdad, dolor, heridas, falta de comunicación o dificultades económicas, cargas que poco a poco se acumulan y que, en ocasiones, parecen imposibles de superar.
¿Cuántos de nosotros luchamos? ¿Cuántos de los que luchamos realmente oramos? La oración debe convertirse en un hábito diario dentro de la familia. Los matrimonios están bajo constante presión, y debemos recordar que la división, el caos y la separación no provienen de Dios. El Catecismo describe la oración como la “fuente de vida del alma”. Imaginemos lo que eso puede hacer por un matrimonio. Cuando nuestra mente está abierta y nuestro corazón arraigado en la oración, el peso de amar se vuelve más ligero. Comenzamos a vernos el uno al otro con una mirada diferente.
El mundo ofrece muchas opiniones sobre el matrimonio, a menudo centradas en la realización personal; sin embargo, esta perspectiva puede llevar, en última instancia, al vacío. La iglesia enseña que el amor es sacrificial, y es precisamente a través de ese sacrificio que la gracia florece. En la vocación del matrimonio, hay días de lágrimas y de risas, pero nunca estamos solos.
Durante el retiro, después de la exposición del Santísimo Sacramento, preparamos una sorpresa especial: una cena para las parejas. Los hombres entraron primero, seguidos por las mujeres. Lo que ocurrió fue verdaderamente hermoso. Más tarde, nuestro párroco lo describió como “un anticipo del cielo”. Hubo lágrimas, alegría, abrazos y una felicidad genuina. Fue un recordatorio poderoso del diseño de Dios, de su plan perfecto al unir a dos personas imperfectas. Dios sabía que éramos capaces de amar, de crecer espiritualmente y de guiarnos mutuamente hacia el cielo, un sacrificio a la vez.
Dios confía en nosotros para acercarnos el uno al otro hacia Él, y ese es el objetivo final. Nadie dijo que sería fácil. Algunos apenas comienzan el camino, otros están en medio de él, y algunos han caminado juntos durante muchos años. Sin embargo, todos, de una manera u otra, hemos experimentado tanto las dificultades como las bendiciones de esta vocación. En esos momentos, estamos llamados a recordar las palabras pronunciadas ante el altar, las promesas hechas no solo entre nosotros, sino también a Dios.
Así, continuamos, imperfectos pero fieles, aprendiendo día a día lo que significa amar más profundamente, más desinteresadamente, más como Jesucristo. Porque amar es difícil, pero también es sagrado, transformador y, en última instancia, el camino que nos conduce a casa.
Leiri Bocanegra was born in Villalba, Puerto Rico but now resides in Massachusetts with her Husband and four children. Leiri and her husband Gustavo met in their parish youth group, “Agape,” and have been serving together ever since! You can usually find them singing together at church events and retreats! Leiri works as the Coordinator of Outreach and Evangelization for St. Mary’s Parish in Cambridge, Massachusetts. She also has a nursing background in both Geriatrics and Pediatrics. She has been a member of the Holy Family Institute for six years and enjoys Family Ministry. Her biggest accomplishment has been becoming a mother. She enjoys being able to use social platforms to help other Catholic mothers connect and assist one another through the wonderful vocation of motherhood!
