De la cruz al gozo: Diez años Edificando la fe
Desde que mi hija Christy regresó a los brazos de Dios en enero de 2018, cada comienzo de año ha traído para mí una mezcla profunda de sentimientos. Enero dejó de ser simplemente el inicio de un nuevo calendario, para convertirse en un recordatorio del mes en que mi corazón se partió… y, al mismo tiempo, comenzó una nueva misión.
Aún recuerdo aquellas últimas navidades: días llenos de un amor inmenso, envueltos en silencio y lágrimas ocultas. Toda nuestra familia había llegado desde Colombia para estar con nosotros, sin saber que, más que celebrar la navidad, estábamos apreciando los últimos días de la vida de Christy. Ella no estaba bien; su salud se estaba deteriorando y el tiempo se escapaba. En esos días, compartimos recuerdos que, sin darnos cuenta, sostendrían nuestros corazones por el resto de nuestras vidas.
Dicen que el tiempo cura las heridas, pero yo no lo siento así. Para mí, el tiempo se detuvo aquel Enero. No hay un día que pase sin que recuerde a Christy, sin que reviva el último abrazo. Una madre nunca sana por completo de la pérdida de un hijo. Pero hoy, ocho años después, puedo decir que en medio del dolor he encontrado un gozo que solo el Espíritu Santo puede dar.
Ese gozo nace de ver cómo las palabras de Christy se han hecho realidad:
“Mi cáncer es un buen cáncer, que va a acercar a un ejército a Dios.”
Y cuánta razón tenía. He visto con mis propios ojos cómo su “buen cáncer” ha tocado vidas en comunidades alrededor del mundo. He visto esperanza nacer donde parecía no haberla, y fe reconstruirse en corazones rotos. He visto mujeres entrar a un retiro destrozadas, sintiéndose poca cosa, y salir con un brillo en los ojos que solo puede venir de un encuentro personal con Dios. He visto sacerdotes en Ghana recibir su ordenación en una iglesia construida gracias al amor y la fe de personas al otro lado del mundo. He visto niños en Colombia recibiendo los sacramentos por primera vez, parejas uniendo sus vidas en matrimonio en Nicaragua, jóvenes en Argentina recibiendo acompañamiento espiritual de las hermanas en su convento, y una comunidad en Camerún asistiendo a la misa de Ramos bajo la estructura aún sin terminar de su futura iglesia.
Cada una de esas escenas es un testimonio vivo de lo que Dios puede hacer cuando le decimos “sí”. Por eso, al comenzar este nuevo año 2026, mi alma no se llena de nostalgia, sino de celebración. Este es un año de gratitud: el año en que Build the Faith, la organización sin ánimo de lucro fundada por nuestra familia e inspirada por la fe inquebrantable de Christy, cumple diez años. Diez años acompañando almas, construyendo Iglesias y llevando la oración a hogares alrededor del mundo; diez años llevando el testimonio y fe de Christy a nuevos corazones; diez años de ver los frutos del dolor convertidos en amor; diez años que son testimonio de que Dios es justo, fiel y cercano.
Recuerdo con claridad una conversación que tuve con Christy durante un viaje a España. Ella lloraba porque sentía que no tenía trofeos que mostrar en el colegio, mientras sus amigas sí. Yo le respondí: “El trofeo que tú tienes es tan especial que solo puede verse desde el Cielo. Aunque tú no lo veas, te has ganado la llegada al cielo con todas las almas que has acercado a Dios con tu ‘buen cáncer’.” Ella me miró, me abrazó y me dijo con una sonrisa: “Entonces no necesito ninguno aquí en la tierra.”
Desde que comenzó este hermoso legado que nos dejó Christy, han sido años de dolor, de miedo, de tropiezos… pero también años llenos de esperanza, fe, caridad y muchísimo amor.
Recuerdo perfectamente cómo nació Build the Faith. Un día le conté a Christy que un sacerdote en Colombia no tenía recursos para construir su iglesia. Ella, con su corazón noble, no podía creer que hubiera niños sin un lugar para recibir la Eucaristía. Como le encantaban las manualidades, le propuse que hiciéramos rosarios para vender y ayudar al sacerdote.
A ella le encantó la idea. Y así, entre sesiones de quimioterapia, comenzó a hacer rosarios mientras compartía en su página de Facebook mensajes de fe, fortaleza y alegría. Un día subió un video mostrando su primer rosario, y en cuestión de minutos llegaron más de 250 pedidos. Sin esperarlo, su pequeño gesto de amor había encendido algo grande. Familiares y amigos se unieron, y en un solo fin de semana logramos completar las primeras órdenes. Sin saberlo, ese día nació Build the Faith.
De rosario en rosario, de oración en oración, con el apoyo de Dios, de nuestra familia, amigos, sacerdotes, voluntarios, escuelas y benefactores, fuimos construyendo no solo iglesias físicas, sino una comunidad viva de fe.
Muchas veces no damos el primer paso porque creemos que no tenemos el tiempo, los recursos o la preparación suficiente. Pero cuando entregamos al Señor nuestras cruces, nuestras fortalezas y también nuestras debilidades, Él hace lo imposible posible. Así nació Build the Faith: de un corazón sufriente, surgió una obra viva del Espíritu Santo. De una pérdida inmensa, floreció una misión que sigue construyendo esperanza alrededor del mundo.
Hoy, mi gozo no nace de la ausencia del dolor, sino de ver cómo Dios transforma cada lágrima en vida, cada herida en testimonio, y cada cruz en un puente hacia el Cielo.
Gracias, Señor, por permitirnos trabajar de tu mano para seguir edificando la fe. Gracias, a la familia de Build the Faith por su apoyo. Gracias, mi Christy, por enseñarnos que los trofeos más grandes solo se ven desde el Cielo. Jesús, en Tí Confio.

Monica Lacouture was born and raised in Colombia, South America. She moved to the United States in 1995, where she and her husband, Fernando, married and were blessed with three children—Daniel, David, and Christina, whose unwavering faith became the inspiration behind Build the Faith.
Although raised Catholic and educated in parochial schools, Monica describes much of her adult life as that of a “lukewarm” Catholic. That changed unexpectedly in late 2012 when she attended a retreat and had a profound personal encounter with Jesus. She had no idea at the time how much she would come to rely on this renewed faith just three months later, when her daughter Christina was diagnosed with terminal cancer.
Throughout Christina’s battle, Monica’s faith deepened, sustained by her daughter’s extraordinary trust in Jesus. In 2016, inspired by Christina’s unwavering faith, Monica and Fernando founded Build the Faith. As President of the organization, Monica feels blessed to carry forward Christina’s legacy, spreading faith and hope to others.
