Tres cruces: Aprender a confiar hasta el final
Durante los últimos diez años, he tenido la bendición de compartir mi camino de fe a través de charlas y testimonios en retiros, colegios católicos, iglesias y comunidades alrededor del mundo. Cuando me preguntan cómo preparo mis charlas, mi respuesta siempre es la misma: no las preparo. Dejo que sea el Espíritu Santo que hable a través de mí. Él sabe quién estará sentado frente a mí. Conoce las heridas que llevan, las preguntas que guardan en su corazón y el mensaje que necesitan escuchar mucho mejor que yo. Simplemente me pongo a su disposición y confío en que Él utilizará mi historia, con todas sus imperfecciones, para su propósito.
El pasado mes de agosto, fui invitada a dar una charla sobre la confianza en un retiro en Lexington, Kentucky. Mientras caminaba desde el área de conferencias hacia la iglesia, me encontré rodeada de árboles y vegetación. A lo lejos, vi lo que parecía ser un poste de luz en forma de cruz. Me llamó la atención, así que me acerqué. No era una cruz, eran tres; tres cruces colocadas intencionalmente en línea, como en el Calvario.
Había visto esa imagen innumerables veces en mi vida, pero ese día algo cambió dentro de mí. Por primera vez, me detuve realmente a pensar en los dos ladrones que estaban crucificados junto a Jesús. No eran simplemente dos hombres al lado de la cruz. Eran dos corazones frente al mismo Salvador, compartiendo el mismo sufrimiento, viviendo el mismo momento final y sin embargo, respondieron de maneras completamente diferentes.
Ambos sufrían, ambos estaban muriendo, ambos estaban lo suficientemente cerca de Jesús como para verlo. Ninguno podía cambiar el pasado, ninguno podía escapar de la cruz. Sin embargo, uno se volvió hacia Jesús, mientras el otro se alejó de Él. Eligieron respuestas diferentes. De repente, me vi reflejada en ambos.
¿Cuántas veces he sido como el ladrón que rechazó a Jesús? ¿Cuántas veces mis acciones lo han negado? ¿Cuántas veces he pecado, he escogido mi propio camino, he confiado más en mí misma que en Él o he permitido que el miedo hable más fuerte que mi fe? Me di cuenta que he estado en esa misma encrucijada más veces de las que quisiera admitir. Y, sin embargo, Jesús nunca ha dejado de darme otra oportunidad para volver a Él: para rendirme, arrepentirme y regresar a sus brazos. Esa es la belleza de su misericordia.
Christina mi hija me enseñó esto de una manera que jamás podría haber aprendido de un libro. Su vida fue corta, pero su fe era profunda. Llevó su cruz del cáncer con una confianza extraordinaria y me mostró que la cruz no tiene que ser el final de la historia. En las manos de Dios, incluso el sufrimiento puede convertirse en luz. Su muerte me enseñó algo que llevo conmigo todos los días: solo tenemos el día de hoy.
Damos por hecho que tendremos un mañana. Pensamos que siempre habrá otra oportunidad para pedir perdón, perdonar, cambiar, amar o volver nuestro corazón hacia Dios. Pero la vida puede cambiar en un solo instante. Entonces me pregunté: Cuando me encuentre frente a mi propia cruz, ¿cuál de los dos ladrones seré? ¿Me volveré hacia Jesús con humildad y diré: “Jesús, acuérdate de mí”? ¿O apartaré mi mirada de Él?
Todos caemos, todos tenemos debilidades y momentos en los que nuestra fe es puesta a prueba. Pero siempre hay un Dios amoroso esperándonos, invitándonos a volver a Él. Por eso continúo la obra de Build the Faith. No me presento ante los demás porque tenga todas las respuestas. Me presento porque soy humana, soy pecadora. He caído, he cuestionado y he causado dolor. He cargado mis propias cruces, pero también he experimentado el poder transformador de la misericordia de Dios.
Confiar en Jesús no significa saber cómo terminará la historia. Significa saber quién nos llevará a través de ella. Christina llevó su cruz con fe. Yo llevo la mía con esperanza. Y a través de Build the Faith, le pido a Dios que el dolor que he vivido pueda convertirse en luz para alguien más; que sea un recordatorio que, sin importar qué tan lejos hayamos caído, Jesús sigue allí, esperando que volvamos nuestro corazón hacia Él, hasta nuestro último aliento. Nunca es demasiado tarde para confiar. Jesús, en ti confío!

Monica Lacouture was born and raised in Colombia, South America. She moved to the United States in 1995, where she and her husband, Fernando, married and were blessed with three children—Daniel, David, and Christina, whose unwavering faith became the inspiration behind Build the Faith. Today, Monica and Fernando are also blessed with their first grandchild, Luca, a beautiful new generation of their family.
Although raised Catholic and educated in parochial schools, Monica describes much of her adult life as that of a “lukewarm” Catholic. That changed unexpectedly in late 2012 when she attended a retreat and had a profound personal encounter with Jesus. She had no idea at the time how much she would come to rely on this renewed faith just three months later, when her daughter Christina was diagnosed with terminal cancer.
Throughout Christina’s battle, Monica’s faith deepened, sustained by her daughter’s extraordinary trust in Jesus. Christina’s courage and unwavering love for Christ transformed Monica’s understanding of faith and became the foundation of a mission that continues to grow.
In 2016, inspired by Christina’s unwavering faith, Monica and Fernando founded Build the Faith. As President of the organization, Monica feels deeply blessed to carry forward Christina’s legacy, spreading faith and hope to others and helping bring people closer to God. What began through Christina’s faith has grown into a mission that continues to touch lives, build communities, and bring Christ’s light to others.
