El plan de Dios es siempre el mejor plan
Maria Eugenia grew up in Caracas, Venezuela, raised in a Catholic family of three sisters and one brother. She currently lives in Framingham, Massachusetts, with Alex, her husband of 24 years, and their French Bulldog RoRo. They have twin sons, 21 years old, Carlos and Luis, who are about to graduate from the University of Wisconsin and Boston University respectively. Maria Eugenia and Alex are active servers of Build the Faith, and practice their faith with the support and inspiration of a close group of friends, and guided by the example and legacy of Christina Dangond and her family.
Hace algunas semanas, en una mañana fría y soleada de otoño, iba a la misa con el corazón particularmente agitado. Contaba los minutos para llegar a la misa y entregar a Dios todas mis preocupaciones. Me arrodillé en el primer banco y comencé a pedir a Dios que me ayudara a resolver un “problema”. Este no era cualquier problema; este era y es una gran preocupación; una angustia que me mantiene en vela muchas noches y que me roba la paz más frecuentemente de lo que me gustaría aceptar.
Durante muchos años, y en múltiples ocasiones, había pedido a Dios por este “problema”, excepto que esta vez en la iglesia escuché una clara voz. “¿Por qué quieres cambiar mi plan?
Espera, ¿Cómo?
Ese pensamiento no había cruzado mi mente. ¡Había estado pidiendo a Dios que cambiara su plan! Había estado tan preocupada por tanto tiempo por algo que él había diseñado, algo que él había escogido para mí. Me sentí tan desagradecida. Tan egoísta. ¿Cómo no había pensado que todo es parte del plan de Dios, y su plan es siempre mejor que el mío, independientemente de si yo lo entiendo o no? También sentí un gran alivio y una profunda felicidad. Sentí consuelo al saber que lo que yo había visto como un “problema” era de hecho parte del plan de Dios, y todo iba a ocurrir de acuerdo con su plan.
Solo 30 minutos más tarde, luego de la comunión, estuve tentada de nuevo a rezar por la solución a mi “problema”, pero rápidamente me detuve y recordé mi “conversación” con Dios. Muchas veces no es fácil confiar en Dios. Estoy tan acostumbrada a querer las cosas a mi manera. En mi arrogancia humana es fácil para mi pensar que yo sé lo que es mejor para mí.
Cuando repaso mi vida, el plan de Dios siempre ha sido mejor que el mío. Siempre. Sin embargo, el deseo de confiar en el plan de Dios, en mi caso, es un compromiso diario, algunas veces por horas, y constantemente tengo que recordarme que Dios sabe lo que hace, incluso cuando yo no entiendo su plan. Como dice en Proverbios 3:5-6, “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas”
