Un Día Precioso de Junio

Peter grew up in Lexington, Massachusetts with his two sisters and three brothers. In his free time, He enjoy playing and watching sports. he also enjoys hiking, skiing, and reading. He first heard the call to the priesthood shortly after graduating college and was ordained a priest on May 20th, 2024.
La primera vez que sentí el llamado al sacerdocio, fue cuando me gradué de la Universidad. En ese momento era profesor de inglés y Estudios Sociales en sexto grado; y también era coach de fútbol, baloncesto y béisbol, en una escuela en Lexington, Massachusetts.
Era un precioso día de Junio del año 2016, y junto al equipo de baseball nos dirigíamos a un juego, cuando de pronto se me acercó llorando una colega. Preocupado y un poco incómodo por su llanto, logré preguntarle que estaba sucediendo. Sin saberlo, su respuesta cambió para siempre el curso de mi vida.
Llorando y sin aliento logró decirme: “Peter, mi hermano en California tuvo un accidente terrible. Mi madre y yo vamos a tomar el primer avión para acompañarlo. Los médicos piensan que no sobrevivirá. ¿Ofrecerías una oración por él, no tiene a nadie que lo haga? “Mi hermano va a morir!”
El dolor en su voz era desgarrador. Por primera vez en mi vida, sentí una necesidad urgente de ofrecer mis oraciones por alguien. Mientras ella se alejaba, pensé en la desesperación que estaba sintiendo. En medio de su sufrimiento, ella sentía que no tenía ninguna manera de llegar hasta Dios. ¿Por qué sintió la necesidad de pedir mis oraciones? ¿Qué podría yo hacer por ella? Dios escucharía mis oraciones por el hermano de mi amiga, ¿que probablemente está viviendo sus últimas horas? Todos estos pensamientos cruzaban por mi cabeza. No podía concentrarme en el juego de béisbol. En lo único que pensaba era en el dolor de su voz.
Cuando finalizó el juego, decidí dirigirme a la iglesia más cercana. Esperaba que estuviera cerrada, pero para mi sorpresa estaba abierta, entré y empecé a orar. Me arrodillé en la primera fila, y le supliqué a Dios que ayudara a mi amiga y a su hermano. En medio de mis oraciones, le dije que, si el hermano de mi amiga sobrevivía la noche, yo vendría mañana otra vez. Por la gracia de Dios, él sobrevivió la primera noche. Cumpliendo mi palabra, regresé el día siguiente a la iglesia, y ofrecí por él la misma oración. Continué haciendo lo mismo durante dos semanas.
A lo largo de esas dos semanas, descubrí la verdadera importancia acerca de la oración. Como dijo San Agustín: “la oración nunca cambia a Dios, nos cambia a nosotros”. En otras palabras, a través de esas oraciones, dios me estaba llamando a tener una relación con El. Empecé a darme cuenta que dios me ama, y me creó por una razón específica. Me di cuenta que yo estaba haciendo el trabajo de un sacerdote. La labor del sacerdote es ofrecer oración y sacrificio por el mundo, especialmente por aquellos que están solos, sin nadie que ofrezca una oración por ellos. El sacerdote ayuda a aquellas personas que están lejos de Dios, a sentirse más cerca de El.
Esta realización le dio un nuevo sentido a mi vida. A través de la gracia de Dios, empecé a darme cuenta que todo lo que me pasaba era una forma de estar en comunión con El. Mientras estaba de rodillas en esa iglesia vacía, rogando e implorando por mi amiga y su hermano, me sentí muy cerca de El. Todo en mi vida, incluso lo malo que me ha sucedido, empezaba a tener sentido. Dios me estaba preparando para iniciar mi gran aventura de salvar almas. No sé como explicarlo, pero cuando dirigí la mirada al tabernáculo, tuve la sensación que El me necesitaba para ser un instrumento de su grandeza, que yo le importaba. Tuve la sensación que me estaba invitando a buscar algo grande. No lo podía explicar, pero confié totalmente en Dios.
Tres semanas después del accidente, el hermano de mi amiga falleció. A pesar de no haber estado muy unido a la iglesia Católica, recibió de la mano de un sacerdote la extrema unción. Creo que Dios utilizó mis oraciones, para que un sacerdote lo visitara antes de ir al encuentro con El. Esto fue para mí, otra señal para darme cuenta de lo importante que son los sacerdotes en el plan de salvación que Dios tiene para nosotros.
A todos aquellos jóvenes que están leyendo este blog, nunca olviden que una vida al lado de Dios empieza y termina de la mano de un sacerdote. Los sacerdotes son los que ayudan a que todos los humanos conozcamos a Dios. Es así de sencillo. Lento pero seguro, durante el verano del año 2016, Dios permitió que yo me diera cuenta de eso. Fue a través de una tragedia, que se inició mi proceso de conversión. Es por esta razón, que me gusta tanto lo que San Pablo dijo: “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas por el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito” (Romanos 8:28).
El 20 de Mayo del año 2023, mientras estoy postrado en el piso de la Catedral; minutos antes de mi ordenación como sacerdote, recordaré ese día tan precioso de Junio. A través de esa noticia tan trágica, Dios fue capaz de hacerme ver mi vocación sacerdotal. Solo Dios es capaz de transformar el mal en bien. Espero dedicar mi vida de oración aquellos que sienten que “no tienen a nadie que ore por ellos”. A los jóvenes que leen este blog, les sugiero que me acompañen en esta gran misión. Esto es lo que está necesitando nuestra iglesia y nuestro mundo.
