Que Comience la Cuaresma
¡Ha comenzado! Hoy es el Primer Domingo de Cuaresma, ¡ya han pasado algunos días desde el Miércoles de Ceniza!, y hemos fijado nuestra mirada en la definición última del Amor: ¡La Cruz!
Parece que con el clima todavía invernal para algunos de nosotros, la Navidad fue hace apenas hace unos días… o quizá unas semanas… y, sin embargo, Jesús ya está crecido, habiendo completado sus tres años de ministerio, como se relata en los cuatro Evangelios. Él nos guía en esta Cuaresma, una vez más, desde sus tentaciones hasta su juicio; y somos invitados a seguirlo durante estos cuarenta días, por medio de la Liturgia de la Iglesia hacia un discipulado más profundo, un amor cristiano más grande, un mayor reconocimiento que también nosotros estamos al borde de contemplar el costo de nuestra vida eterna revelado en toda su desnudez en la Cruz el Viernes Santo.
Sin duda, queremos que estos días y semanas de Cuaresma signifiquen algo, que ganemos algo más allá de cualquier pérdida debida a nuestro ayuno, penitencia y limosna. De hecho, queremos elegir bien aquello que el SEÑOR ha puesto en nuestro corazón para ir más profundo en nuestra experiencia del desierto, donde también nosotros necesitamos ser desafiados a luchar contra las tentaciones que el demonio está proponiendo a cada uno de nosotros.
Tal vez nuestras tentaciones sean similares a las de otros; tal vez estén marcadas por nuestra crianza y rasgos de personalidad; o quizá sean simplemente fruto de nuestras propias decisiones. Sin embargo, el SEÑOR quiere que derrotemos a la carne y al demonio que nos rodean en estos próximos cuarenta días. Él lo hará a su manera, pero siempre para llevarnos a una mayor libertad, para vivir una vida digna de nuestra dignidad como hijos e hijas del Padre Celestial.
Nuestra verdadera dignidad no es la suma de nuestros pecados y fracasos, ni de nuestra historia y heridas, sino que está en que Jesucristo ha dado libremente su vida por amor a nosotros para liberarnos y permitirnos vivir nuestra nueva vida en la gloriosa Resurrección. Sí, entramos en estos cuarenta días no para la vergüenza o la humillación, sino por amor: por amor a Él, por amor a los demás y por amor a nosotros mismos.
Lo que sea que dejemos o asumamos esta Cuaresma por invitación del SEÑOR nos conducirá a una vida más plena en Cristo. Incluso ahora, no es demasiado tarde para preguntarle al SEÑOR qué “quiere” de nosotros en esta Cuaresma. ¿Qué sabe Él que necesitamos romper o abandonar para comenzar de nuevo, para empezar a vivir completamente en Cristo? Sí, todo esto es posible, incluso en cuarenta días o en los días que Él decida que aún nos quedan.
De hecho, un gran ejemplo de esforzarse por esta santidad lo encontramos en nuestra querida pequeña Christina. Cuando pensamos en su vida, pensamos en una santidad heroica y ejemplar incluso antes de su diagnóstico; y, sin embargo, su santidad verdaderamente se aceleró aún más en sus años de sufrimiento que en los años de su inocencia antes de su diagnóstico.
Con demasiada frecuencia podemos pensar o incluso convencernos que no podemos realmente estar a la altura de una vida de santidad, que nuestra vida está demasiado lejos de Cristo o cargada con demasiadas pequeñas cruces como para poder llevar una cruz grande. Sin embargo, ese no es el ejemplo de Christina. Fueron, de hecho, sus mil pequeñas cruces llevadas cada día y a lo largo de su breve vida las que conformaron la única cruz heroica sobre la que se extendió hacia el cielo: ¡Confianza!
En la Primera Lectura de hoy, del Génesis, el demonio habla engañosamente a Eva, nuestra primera madre, después que ella primero rechaza su tentación: ¡Ciertamente no morirán!. Sabemos lo que sucedió y cómo esa caída dejó una debilidad perpetua en todos nosotros, en toda la humanidad. Sin embargo, la pequeña Christina eligió otro camino, el camino que Jesús nos muestra al enfrentar sus propias tentaciones confiando en su Padre, negándose a usar su poder divino para superar su gran sufrimiento en el desierto, ¡y finalmente en la Cruz!
Este fue siempre el camino de Christina, y debe ser el nuestro: ¡Jesús, en Ti confío!
¡Que comience la Cuaresma!
Fr. Ed was ordained to the priesthood in May 2000 for the Archdiocese of Boston. He held three different parish assignments in the Archdiocese from 2000-2010 before his appointment to the Faculty of Saint John’s Seminary as Dean of Men and Director of Pastoral Formation from 2010-2022. In 2022, Fr. Ed was appointed Chaplain to the Catholic School Office, and then Administrator of Sacred Heart Parish in Waltham, MA. In 2025, he was appointed Rector of the Lazarus Center for Healing Shrine in Wakefield, while remaining the Spiritual Director & Liaison for the Office for Homeschooling for the Archdiocese of Boston, and Spiritual Director for the World Apostolate of Fatima within the Archdiocese. He is a perpetually professed member of the Institute of Jesus the Priest of the Pauline Family.
