Pasar la Batuta
La vida se parece a una carrera de relevos. No podemos llegar a la meta solos; necesitamos a un compañero de equipo. A pesar que nuestra cultura nos enseña a ser autosuficientes…a confiar en nosotros mismos…la verdad es que siempre necesitamos a Dios.
Mi necesidad de Dios nunca fue más evidente que hace veinte y tres años; cuando sufrí una insuficiencia cardíaca. Mis hijos tenían cinco y dos años. El daño que sufrió mi corazón fue causado por un tratamiento de quimioterapia al cual me tuve que someter debido a un cáncer que padecí años atrás. Aunque había dejado mi cáncer en el pasado, aquí estaba de nuevo presente. Enfrentar la muerte por segunda vez fue algo inesperado y que trajo a mi vida desafíos inmensos. Es en estas circunstancias tan terribles que debemos admitir que sin ayuda no seremos capaces de lograrlo; que necesitamos confiar en Dios para que El nos ayude a superar todo lo que la vida nos tiene guardado.
Después que mi corazón falló, pasé todo el verano de ese año deseando sentirme mejor, y esperando con mucha impaciencia que Dios escuchara. Después de todo, Dios ya había escuchado una vez. Esta estrategia, sin embargo, no estaba funcionando. Estoy segura que tú también sabes, que decirle a Dios lo que tiene que hacer no es el mejor plan de acción. Necesitaba un nuevo enfoque. Admitir que no podía cuidar de mis hijos, y de mí fue el primer paso para poder seguir adelante. Reconocer mi falta de control no fue fácil, pero permitirme “pasar la batuta” a Dios y decir: “está bien Dios, ahora soy tu pierna en este relevo y el resultado depende de ti”; fue de mucha ayuda para mí.
Para renunciar al control, necesité llenarme de mucha fe y confianza en Dios. Tenía que verdaderamente creer en El. Tenía que confiar en que pasara lo que pasara, mi familia y yo íbamos a estar bien. Al poco tiempo de haber renunciado al control, apareció en nuestras vidas una persona que cuidó de mis hijos y de mí. Era una enfermera a la que le faltaban tan solo dos años para graduarse. Ella era capaz de manejar enfermedades graves, y se convirtió en nuestra ayuda, no sólo física, también emocional y espiritual. Hasta el día de hoy, no tengo la menor duda que Dios la puso en nuestras vidas para que se convirtiera en nuestro ángel. Es como dice San Pablo, “Te basta mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).
Aunque mi recuperación ha sido muy larga y difícil, y a pesar de seguir lidiando hasta el día de hoy con problemas de salud, Dios me permitió ver a mis hijos crecer y convertirse en adultos. Nunca dudes que Dios está contigo. Como siempre dice mi tía: “Cuanto más lo necesites, más cerca estará”
Deb Egan grew up in a Catholic family. Throughout her adult life, she has participated as a church volunteer in many capacities, including teaching Religious Education, being a Eucharistic Minister and Lector, Ministering to the elderly and homebound, and Facilitating Small Faith Groups. She has been trained by Evangelical Catholic and became a member of the Build the Faith Team in April of 2017.
