La Paz les dejo, mi paz les doy
En un mundo sacudido por la agitación, guerras en Ucrania y Medio Oriente, disturbios políticos en Colombia y un sinfín de luchas más, buscamos incansablemente soluciones humanas. La diplomacia, los esfuerzos humanitarios y el activismo ocupan el centro de nuestras acciones, y aun así, el peso de estas crisis persiste. Como católicos, estamos llamados a una respuesta más elevada: la oración. Frente a la oscuridad, la oración nos une, nos ancla y abre las puertas a la gracia de Dios para transformar el mundo. Como atestiguan la historia y las Escrituras, también podemos encontrar esperanza y salvación por la intercesión de Nuestra Señora.
Recordemos la Batalla de Lepanto, que permanece como un testimonio del poder de la oración. Frente a probabilidades abrumadoras, la flota cristiana triunfó sobre las fuerzas otomanas, una victoria atribuida a los fieles que rezaban el Rosario por la invitación del Papa San Pío V. No fue una simple coincidencia, sino una intervención divina a través de la oración comunitaria. De manera similar, San Juan Pablo II, un campeón moderno de la fe enfrentó el férreo control del comunismo no con armas, sino con oración. Su devoción al Rosario y su llamado a la unidad en la fe ayudaron a desmantelar una ideología que parecía invencible. Como él mismo dijo: “La oración es la primera condición para la paz en el mundo y en los corazones.”
La Escritura confirma esta verdad. En Filipenses 4:6-7, San Pablo exhorta: “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” La oración no es un acto pasivo; es una entrega activa a la voluntad de Dios, una súplica por su misericordia en tiempos de prueba. Cuando estallan guerras y las naciones tambalean, la oración alinea nuestros corazones con el plan redentor de Dios.
Los padres de la iglesia enseñaron bien esta lección. San Agustín escribió: “Ora como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti.” Este equilibrio nos recuerda que, aunque luchamos por la justicia y la paz, nuestra confianza última está en la providencia de Dios, accesible a través de la oración. San Josemaría Escrivá también lo expresó cuando dijo: “La oración es el cimiento del edificio espiritual. Es una conversación con Dios, nuestro Padre, que siempre está dispuesto a escucharnos.” Sus palabras nos inspiran a acercarnos a la oración con confianza, sabiendo que Dios escucha cada súplica, especialmente en tiempos de crisis. Allí, en sus lugares de trabajo, en los hospitales, en las obras de construcción, en las oficinas, en las escuelas, ofrezcan todo lo que hacen como oración a Dios mientras claman por su misericordia para nuestro mundo.
No olvidemos que el Rosario, en particular, es un arma poderosa para la paz. ¿Cuándo fue la última vez que rezaste el rosario o fuiste a misa entre semana? ¡No lo dejes para después! Hazlo parte de tu vida diaria, quizás mientras te desplazas al trabajo o a la escuela. Invita a tus hijos, tus hermanos, tus padres o tus amigos a rezar contigo, porque como Jesús promete en Mateo 18:20: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Imagina el poder de millones de católicos rezando juntos, asaltando el cielo con el rosario por la paz y la salvación.
Aceptemos este llamado. Oremos con fervor, confiando en que Dios nos escucha. San Juan Pablo II, quien proclamó con valentía: “No tengan miedo de arriesgarse por la paz, de enseñarla, de vivirla… La paz será la última palabra de la historia,” nos mostró el camino de la oración que derriba imperios. Finalmente, queremos hacer eco del mensaje del Papa León XIV al ser elegido, cuando saludó a la Iglesia universal con: “La paz esté con ustedes,” el mensaje del resucitado a sus discípulos, una promesa de esperanza.
Oración a María, Reina de la Paz
Oh María, Reina de la Paz, guíanos por medio del rosario hacia tu Hijo. Intercede por nuestro mundo herido por la guerra, une a tu Iglesia y tráenos su paz. Amén.

Juan and Sofia were born into Catholic families in Colombia, South America. They met on Juan’s Patron Saint Feast Day, Saint John Bosco, January 31st and recently got married on the 31st of July. Both have encountered Jesus in their lives and decided to follow him with great commitment.
Juan is a Political Scientist and also a great golfer. He works in the Wine and Spirits Industry.
Sofia is a commercial real estate lawyer and works at her family-owned business. They currently live in Cali, Colombia.
Juan and Sofia are increasingly passionate about the apostolic mission with the youth and young professionals. They are committed to showing the love of God and his mysteries through the beauty of the sacrament of marriage and friendship. Both have lived their conversion through different spiritualities within the Church, such as the charismatic renewal, parish groups (Emaus and Effeta), Mana (a self-founded apostolic group) and Opus Dei. This last one is currently where both congregate and receive all their spiritual formation and guidance. Although they have much to learn, they are eager to share their testimony with all the readers.
