Da Gracias en Todas las Circunstancias
En toda circunstancia den gracias, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús.
(1 Tesalonicenses 5:18)
Acabamos de celebrar mi festividad favorita aquí en los Estados Unidos: el Día de Acción de Gracias. De niña, me encantaba cuando toda la familia se reunía, jugábamos juegos de mesa, comíamos manjares deliciosos y, por supuesto, y como postre disfrutábamos de un pastel delicioso. Aunque doy gracias por todas esas bendiciones y recuerdos, no fue sino hasta que fui adulta que comprendí que estamos llamados a dar gracias incluso en los momentos difíciles.
El mes pasado estuvo lleno de oportunidades para dar gracias, tanto en tiempos fáciles como en tiempos no tan fáciles. Para dar gracias por las bendiciones que veo y también por aquellas que quizá no veo tan claramente.
Todo comenzó con la incertidumbre relacionada con el cierre del gobierno y la suspensión de los beneficios de SNAP (Programa de Asistencia Nutricional). Trabajo en tres empleos, pero, aun así, como madre soltera, a veces es difícil llegar a fin de mes. Estoy muy agradecida de tener un techo donde vivir, empleos que me permiten pagar las cuentas y ayuda para obtener la comida que alimenta a mi familia. Ya solo me quedaban 65 dólares y trataba de ser lo más prudente posible con cada gasto, cuando mi supervisor en uno de mis trabajos llamó para decir que estaban preguntando a todos los empleados si recibían SNAP y, de ser así, si podían ayudarlos hasta que las cosas se reanudaran. Rompí en llanto ante la generosidad de Dios manifestada a través de estas personas tan bondadosas.
El siguiente momento de agradecimiento llegó cuando fuimos a Nueva York para ver los globos que se inflan para el desfile de Macy’s. Conducimos el martes por la noche para poder estar allí el miércoles. Fue un viaje largo, oscuro y lluvioso, así que estaba muy agradecida que mi cuñada pudiera encargarse de gran parte del manejo.
A la mañana siguiente, cuando nos despertamos y nos alistábamos para salir, descubrimos que mi coche tenía una llanta pinchada. Estaba muy agradecida que mi hermana mayor nos hubiera enseñado a cambiar una llanta y también que mi segunda hermana mayor se asegurara que yo tuviera la asistencia en carretera de AAA (Asociación Americana de Automóviles), porque la llanta no quería salir a pesar de mis valientes esfuerzos. También agradecí que la llanta se hubiera pinchado en ese momento, después de haber dormido bien, duchado y desayunado, y no a medianoche, en plena oscuridad y lluvia, sin un lugar seguro donde detenernos.
Mientras esperábamos a que cambiaran la llanta, mi cuñada comenzó a presentar unos síntomas que, al principio, parecían acné, pero que continuaron evolucionando hasta el punto en que sentimos que necesitaba ir a la sala de emergencias. Resultó que tenía culebrilla. Por suerte, pudo recibir atención médica para aliviar sus síntomas.
Mientras atendían a mi cuñada en el hospital, mi hija, mi sobrina y yo pudimos ir a ver los globos. Puede sonar duro, pero tanto mi hija como mi sobrina tienen necesidades especiales, así que mantener la calma y la rutina era necesario por su bienestar.
Si todo esto me hubiera ocurrido antes de haber encontrado verdaderamente mi fe, me habría sacudido. Sin embargo, en cada uno de estos desafíos, mi corazón cantaba sobre “las bendiciones que vienen en gotas de lluvia” y sobre “alabar a Dios en la tormenta”. Es fácil decir gracias cuando recibes lo que quieres o cuando las bendiciones se ven como esperabas, pero le pido a Dios para que mi corazón siga creciendo en gratitud incluso en los momentos más difíciles. De hecho, he descubierto que cuanto más me detengo a dar gracias, más noto todo lo que tengo por agradecer.
Padre amoroso y misericordioso, te alabo y te doy gracias por toda la bondad que derramas sobre mi vida, pero también te doy gracias por las dificultades que me recuerdan que Tú estás a mi lado en todo momento. En todo, te doy gracias. Amén.
