Cristina y la Eucaristía
Paula Gómez Victorica was born in Buenos Aires, Argentina, and lived in Massachusetts from 2001 until December 2024. She is a Certified Spiritual Director and is trained in accompanying individuals through the Spiritual Exercises of St. Ignatius. She is currently completing a Graduate Certificate in Ignatian Spirituality at the Clough School of Theology and Ministry at Boston College, where she also taught Biblical Spirituality through asynchronous online courses.
For the past three years, she served as the Director of Faith Formation and Coordinator of the Hispanic Community at St. Ignatius Jesuit Parish. Since moving to San Antonio in 2025, Paula has continued her ministry as the Ministry and Liturgy Coordinator at a local parish and at the Oblate School of Theology (OST).
Cada vez son menos los que van a Misa y los estadistas dicen que seremos menos pero más fuertes. Cuando Cristina Dangond tenía 9 años me pidieron que le llevara la Comunión a su casa porque no se sentía bien para ir a la Iglesia y participar de la Misa. Ella confiaba en Jesús y no quería pasar un día sin recibirlo. Ella lo entendió, pero nosotros, adultos, nos excusamos con eso que somos espirituales, pero no religiosos.
Tener vida espiritual es captar y vivir el Evangelio de Jesús. Esto se alcanza por la práctica de actos religiosos como la Adoración Eucarística, el rezo del Santo Rosario, la devoción a San José y a otros Santos, y sobre todo por la lectura de la Palabra y la celebración de la Eucaristía y los otros Sacramentos.
Ir a Misa implica un acto de nuestra voluntad, un deseo, mi deseo de Dios, y si no lo alimentamos se puede hacer un acto rutinario, perdemos interés y no le vemos sentido. En mi caso algunas veces me dan ganas de quedarme en casa y no participar de la Eucaristía. ¿Es decir, no me dan ganas de ir a encontrarme con Jesús? ¿En serio? Yo creo que me dejo llevar por otras atracciones, pero siempre me pasa que ese Domingo que falto a Misa no me siento alegre, me falta esa paz que me da el encontrarme y recibir a Jesús en la Eucaristía.
¿Por qué nos hemos alejado de la Misa, por qué no alimentamos nuestra vida espiritual con el pan de vida? ¿Acaso no extrañamos el no tener este privilegio durante la pandemia? ¿Por qué el soccer y el basketball de los chicos, salir a correr o andar en bici o brunch con amigos se han convertido en prácticas más importantes que vivir nuestra fe? ¿Dónde está la verdadera alegría? Si no vamos a Misa, ¿cuándo nos encontramos con el Señor, ¿cuándo hablamos con El?, ¿cuándo le contamos lo que nos pasa, nuestras inquietudes, nuestras alegrías o ansiedades si no entramos a una Iglesia donde El está presente? Jesús quiere que escuchemos su Palabra y que lo recibamos en la Eucaristía para que por medio de esta práctica religiosa crezca nuestra vida espiritual. Sin prácticas religiosas no puede haber vida espiritual, no puede haber esa conexión con Dios que nos hace espirituales. Cómo está Dios, ¿qué piensa de nosotros, que espera de mí y que tiene para darme? Sin lectura de la Palabra y sin Eucaristía nunca lo sabremos.
