Las dos caras del espejo
Todos, en algún momento de la vida, nos enfrentamos a situaciones difíciles que nos colocan en lugares inesperados, incluso incómodos. Esto sucede sin excepción, en cualquier etapa que estemos viviendo: en la juventud, la madurez, o incluso cuando sentimos que ya lo habíamos vivido “todo”.
Enfrentar momentos de dificultad se convierte en un reto personal del que no saldremos bien librados sin la fe y la confianza que solo Dios puede ofrecernos. Él es nuestro refugio constante, aun cuando el suelo parece moverse bajo nuestros pies. Él no se cansa de sostenernos, incluso cuando nosotros ya no tenemos fuerzas.
Hace poco, mi vida dio un giro. Entre las muchas cosas que tuve que enfrentar, la enfermedad apareció. El cáncer se manifestó en mi tiroides de forma sutil, como ese enemigo silencioso que avanza con pasos lentos pero firmes, disfrazado de cansancio, de molestias pasajeras, de síntomas que uno suele ignorar o justificar.
Gracias a la intuición que solo llega en la madrugada, cuando todo está en silencio y el alma está más atenta, cuando mi Señor me habla al corazón, algo en mí despertó. Fue Él quien me impulsó a buscar ayuda, a no dejarme llevar por el miedo. Fui al médico, y así comenzó el camino de la verdad, pero también de la sanación.
En medio de este proceso, al verme frente al espejo, redescubrí quién soy: una hija amada de Dios, valiosa, bendecida desde el momento de mi bautismo. No soy definida por una enfermedad, por un diagnóstico, por mis temores. Soy definida por la gracia que me sostiene, por el amor incondicional del Padre que me creó con ternura y me acompaña con fidelidad.
El espejo tiene dos caras. En los momentos de prueba, uno puede elegir en cuál mirarse. En una se refleja la tristeza, el miedo, la desesperanza. En la otra, vemos lo que realmente somos: criaturas fuertes, resilientes, inmensamente valiosas, creadas a imagen de un Dios que es amor.
Cada día elijo ver en mí la fuerza que Él me da. Elijo recordarme que puedo enfrentar lo que venga, tomada de su mano, sostenida por su promesa. Porque Él no abandona la obra de sus manos.
“No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa.” Isaías 41:10
Todo lo que Dios permite en nuestra vida tiene un propósito. Nada es en vano cuando Él camina a nuestro lado. Así que mírate en el espejo y repite conmigo: “Soy valioso porque soy HIJO DE DIOS.”
En este Día de las Madres, no puedo dejar de darle gracias a Dios por las dos bendiciones más increíbles de mi vida: mis hijas. Su fortaleza, su amor y su presencia constante han sido un reflejo de la ternura y la misericordia de Dios en mi vida. En sus ojos he encontrado valentía. En sus abrazos, sanación. Y gracias a su apoyo incondicional, he recordado lo que significa ser profundamente y verdaderamente amada.
Hoy enfrento los retos con la certeza que saldré adelante. En mis labios repito cada día esa jaculatoria que una mariposita me enseñó con fervor y que se ha vuelto mi ancla en medio de la tormenta: ¡JESÚS, EN TI CONFÍO!
Feliz Día de las Madres a todas las que consienten, cuidan y aman con un corazón como el de Él.
Dr. Eliana Cantillo was born in Cartagena, Colombia, and has dedicated her life to service through her work as a pediatric and functional medicine doctor since 2001. She is the proud mother of two beautiful daughters, Isabella and Maria José, who are the light of her life. Inspired by the powerful testimony of faith shared by our Founder Christy Dangond, Eliana grew closer to the Lord and now finds true joy in serving others.
