La Amistad
Hace unas semanas en mi país se celebraba el día del Amigo. ¡Los argentinos somos bien conocidos por ser amigueros, a veces muy intensos, pero siempre presentes en las buenas y en las malas!
Pensaba como honrar esta particularidad en nuestra cultura cuando las Lecturas de la Misa del Domingo iluminaron mi reflexión.
La primera lectura fue Genesis 18:1-10, donde Abraham, el amigo de Dios, recibió a la Santísima Trinidad sin saberlo. Fue humilde, delicado, atento y abierto ofreciendo con su esposa y los de su casa lo que tenía: la comida, la compañía, el servicio y la sombra de un árbol.
En el Evangelio, Lucas 10:38-42, encontramos a Marta y María las amigas de Jesús, que siempre lo recibían en su casa con alegre generosidad. Cada una a su manera, estaban dispuestas a salir de sí mismas para complacer al amigo en un encuentro verdadero, discreto y en clima de fiesta.1
Estas lecturas me recordaron el tratado sobre la amistad de Santo Tomas de Aquino que leí hace muchísimos años. Allí aprendí la teoría de la amistad. Aristóteles, decía que el hombre no puede vivir sin amigos, que la amistad es una necesidad para la vida humana y Santo Tomás de Aquino explicaba2 que el hombre para obrar virtuosamente necesita el auxilio de los amigos. El amigo adivina las penas y acude a consolar en simple convivencia, sin discursos. Por eso la amistad es noble y honda. La verdadera amistad surge de la libre elección fundada en una semejanza de gustos, inquietudes y voluntades, aunque a veces no compartamos las mismas actividades. Nos embriaga de gozo el enriquecimiento mutuo. Nos sentimos entendidos y prolongados. Entre amigos nos ayudamos para ser mejores, para ser santos. “Amicus is alter ipse”, mi amigo es otro yo y en esta unión se adivinan los sentimientos y se descubren los secretos sin profanarlos, como si fueran propios. Cuando Jesús les dice a sus discípulos que no los llama siervos sino amigos está confiando en ellos para que entren en esa zona sagrada donde solo Dios tiene acceso. Allí el amigo puede saborear la dulzura del bien presente, se goza del bien pasado y pregusta la esperanza del bien futuro. El amigo verdadero pacifica nuestra alma. La amistad es un privilegio, es comunión de vida, hallar un amigo es hallar un tesoro.3
Dios ha puesto a mucha gente en mi camino y tengo el privilegio de tener desde, mi niñez y juventud, un lindo grupo de amigos. Con las chicas nos comunicamos todos los días. Lo que pensamos y sentimos es muy importante para todas y allí somos libres de decir lo que nos pasa. Tres vivimos en USA y dos ya partieron a la casa del Padre. Esa comunicación diaria nos procura un momento de descanso y fraternidad,4 es un decir -a veces sin decirlo- es un estar abiertas a lo que venga, ¡ya sea un comentario, una pregunta, un bajón o compartir lo que pasa en nuestras casas y por supuesto compartir las fotos de los nietos!
En los últimos 24 años he vivido en este país, con diferente cultura e idioma, pero he sido bendecida con preciosas amistades, algunos estarán leyendo este blog. Santo Tomás decía que la felicidad imperfecta de este mundo requiere la imprescindible presencia del amigo porque el amigo nos alivia y nos sostiene, nos eleva y nos perfecciona. La muerte puede quebrar temporalmente una amistad, pero, en la visión beatífica de Dios, el complemento de la felicidad será la presencia del amigo. En la eternidad, cuando florezca el encuentro definitivo y la convivencia sea indestructible, alcanzaremos la amistad perfecta. Moriré con la esperanza de ese encuentro.
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1 https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2025/documents/20250720-angelus.html
2 Suma Teológica, 1-2, q.4, a.8.
3 Eclesiastés 6:14-17
4 https://www.vatican.va/content/leo-xiv/en/homilies/2025/documents/20250720-omelia-albano.html
Paula Gómez Victorica was born in Buenos Aires, Argentina, and lived in Massachusetts from 2001 until December 2024. She is a Certified Spiritual Director and is trained in accompanying individuals through the Spiritual Exercises of St. Ignatius. She is currently completing a Graduate Certificate in Ignatian Spirituality at the Clough School of Theology and Ministry at Boston College, where she also taught Biblical Spirituality through asynchronous online courses.
For the past three years, she served as the Director of Faith Formation and Coordinator of the Hispanic Community at St. Ignatius Jesuit Parish. Since moving to San Antonio in 2025, Paula has continued her ministry as the Ministry and Liturgy Coordinator at a local parish and at the Oblate School of Theology (OST).
